El ataúd de Schrödinger (parte 1)

31 Dic

AtaudShrödinger_Ilustracion1

Las versiones no oficiales sobre la ‘muerte’ de Néstor Kirchner y su plausibilidad

por Lisandro Casiardi

Gravíssimo: Yo fui K

La semana posterior al 27 de Octubre de 2010 recibimos con mi novia a unos amigos para cenar. La conversación de la mesa no tardó en derivar al tema de la desaparición física del ex-presidente. Los hombres, amigos de años, ya habíamos leído y comentado las numerosas notas de medios oficialistas y críticos, ya sea rescatando la gestión kirchnerista por sus puntos más meritorios, o bien admitiendo lo preferible de su gobierno frente a las flacas y nefastas cortes opositoras. Muchos de nuestros amigos eran de pensar que la situación política era incierta y que era menester apoyar el gobierno de la viuda por cuestiones estratégicas. Algunos de mis amigos más inteligentes y leídos habían linkeado en las redes sociales la contratapa de Mempo Giardinelli en Pág.12 [1] y no me fue difícil inclinarme por dicha opinión, sobre todo porque ellos no eran ni nunca habían sido grandes simpatizantes del gobierno, condición que compartían conmigo y con el mismo Giardinelli.

En la cena, las mujeres, en cambio, se inclinaron unánimemente, sin pudicias, por una hipótesis que me pareció en ese momento absurda. Ellas decían convencidas que Néstor Kirchner no estaba muerto, que nunca nadie vió su cadáver, que el ataúd era más corto que su estatura, que tenía razones para querer escapar, que luego de la derrota electoral de 2009 un muerto era lo mejor que podía pasarle al desfalleciente oficialismo, etc., etc., etc.

Imagen 1

Nos dedicamos a hacer chanzas al respecto y proseguir, mi amigo con relatos de la plaza llena de deudos populares, y yo con mi imprecisas impresiones políticas, influídas en parte por las opiniones de mis compinches más politizados. Las chicas insistían y no escatimaban cinismo para hacernos entender lo orquestado que parecía estar todo y lo crédulos que no admitíamos ser. En los meses posteriores atestigüé y me sentí tímidamente parte- indeciso entre la observación y el entusiasmo- de una primavera K que luego juzgué necesaria para el ajuste definitivo de mi formación política, aunque mi posición actual sea un resultado fallido de la ‘muerte’ del ex-presidente. Desde cierto momento en adelante comencé a juzgar la posición de las damas durante aquella velada, como producto de eso llamado intuición, que los varones tardamos o fallamos en desarrollar y por eso se adjetiva tan extensivamente como “femenina”.

Adagio: Stop your Kaization

Preocupada, al ver mi incipiente pero decidida Kaización y las encendidas discusiones domésticas que esta provocaba, mi novia decidió instruirme, un poco, facilitándome una serie de pistas para investigar a estos señores que, como muchos otros, yo insistía en ver como el mal menor frente a las nefarias hordas derechistas. Fue así que aprendí acerca de los evaporados 600 Millones de fondos santacruceños de YPF, sobre el último decreto Nestorista para la fusión de Cablevisión y Multicanal, sobre la oscurecida relación del matrimonio presidencial con la dictadura militar, sobre su inédita defensa de los Derechos Humanos desde 2004, sobre su relación con Carlos Menem, actual senador del frente por ellos fundado, sobre su “lucha” solo contra monopolios cuya amistad es prescindible; y sobre muchísimos otros escándalos que me impidieron definitivamente creer que eran algo mínimamente mejor que quienes los precedían y de quienes pretendían diferenciarse [2]. Esto no significa que no rescate las medidas positivas tomadas desde 2003 hasta hoy, pero tiendo más bien a verlas como una serie de decisiones necesarias para hacerse con el calor de las plazas y las urnas, siempre a juzgar por el abismo que usualmente se genera entre el discurso y la práctica de las mismas, entre el a priori y su a posteriori.

Conforme me desencantaba de mi breve sueño kirchnerista, iba incrementando mi conocimiento en autores de historiografía indudablemente alternativa, de esos que no temen afirmar cosas que parezcan irrisorias, si es que fueron arrastrados a esas conclusiones por las inevitables luces de la evidencia. Autores de los mal llamados conspiranoicos, a los que medios de comunicación, academias y dogmáticos acólitos no dudan en estigmatizar cada vez que ven amenazadas las sombras donde suelen resguardarse, tanto ellos como sus defendidos.

Andante: Nosotros vs. Ellos

Mi proceso de despertar de la primavera K fue lento pero no demasiado largo. Eso me dio una perspectiva casi de shock, entre lo que veía que podría haber sido y en lo que realmente me convertí. Mi entorno cercano, de intelectuales y gente vinculada al mundo cultural, parecía caer más y más envuelto en la falacia del mal menor, en el chantaje de todo o nada frente a la derecha, que veían y siguen viendo sólo afuera del gobierno. Dicha falacia poco a poco se transformaba en una versión descafeinada del goebbelsiano “Clarín Miente” o más tarde en “LTA 54%”. Al mismo tiempo mis opiniones o lecturas de la realidad se hacían gradualmente más marginales y desusadas. Para un país enfrascado en la dualidad de Federales vs. Unitarios y sus innumerables reediciones hasta el presente, hacer una siquiera tangencial comparación de la investigación Suttoniana de Wall Street financiando la Revolución Rusa [3], con la dialéctica estratégica entre corporaciones y un gobierno disque combativo, era poco menos que un disparate. Comencé a ver todo aquello y sus ramificaciones hasta el día de hoy como un fruto imposible de no ser por el martirio de un salvador, el sacrificio de un líder en pos de sus representados. Es absurdo negar que buena mayoría del electorado favorable en 2011 fue corolario del fatídico Octubre de 2010 y que muchos de los actuales kirchneristas, más o menos militantes, son producto directo del mismo episodio. Ya sea por obra de una maquivélica operación, por acción del trágico cese de una vida o por la coexistencia de ambas eventualidades, los resultados son los que se ven. Como veremos, mucha de las incógnitas en derredor de la ‘muerte’ del ex-presidente son directamente proporcionales a las inconsistencias de la versión oficial. La diferencia radica, siempre, en lo que uno quiere ver, de acuerdo o más o menos a contrapelo de lo que se nos dijo que pasó.

Moderato: Shrödinger y su gato

En el año 1935 el físico alemán Erwin Schrödinger diseñó un dispositivo imaginario para ilustrar las leyes de la mecánica cuántica [4]. En el interior de una caja sellada herméticamente se encuentra un gato, una ampolla de veneno y un martillo suspendido sobre ella. El martillo se encuentra atado a un detector de partículas alfa. Si el detector recibe una partícula alfa, el martillo cae sobre la ampolla y esta revienta dejando escapar el letalmente volátil veneno. A su vez, el detector esta sujeto a la presencia de un átomo radioactivo que, en el lapso de una hora, tiene 50% de probabilidades de emitir una partícula alfa. Al cabo de una hora el dispositivo arroja equivalentes probabilidades de que el gato muera víctima del veneno o salga absolutamente ileso. Para comprobar el resultado, que será alternativamente uno o su contrario, el observador tiene que perturbar el equilibrio del sistema, abriendo la caja. Sin embargo, de acuerdo al formalismo de la mecánica cuántica, mientras tal cosa no ocurra, el gato estará a la vez vivo y muerto, puesto el sistema se basa en una función de onda que superpone complejamente los estados antagónicos “gato vivo” y “gato muerto”. Esto dio lugar al nombre de la conclusión como “Paradoja de Schrödinger”.

El Gato de Shrödinger y el Perro de Pavlov: duelo de titanes en la fauna científica.

El Gato de Schrödinger y el Perro de Pavlov: duelo de titanes en la fauna científica.

Semejante artilugio demuestra teoréticamente que el observador produce la realidad con su observación. En este sentido las religiones no teístas de oriente y las tradiciones esotéricas de occidente están siendo confirmadas por la paradoja del gato vivo/muerto y otros modelos teóricos como el horizonte de sucesos de los agujeros negros, luego de miles de años.

Ateniéndonos a terrenos menos especulativos, de más esta decir que, si este experimento se realizara, nada nos impediría abrir la caja y comprobar el estado del gato y así poder establecer nuestro espectro de reacciones a partir de un dato fáctico. Esto sin embargo no ocurre con el ataúd de un ser humano y mucho menos con el de un presidente, donde no sólo median la pudicia, la moral y los escrúpulos de la religión, si no también las vigilantes estructuras del estado y otros intereses tanto más inimaginables. En las redes sociales, en los foros cybernéticos y en las discusiones de café, aquel que ose poner en duda la veracidad de la muerte de Néstor Kirchner en base a la ausencia de testimonios o registros visuales que la confirmen, se expone a la acusación de morbosidad. Particularmente no creo que a nadie en su sano juicio le agrade ver la fotografía de un cuerpo sin vida ni necesite verla por cuestiones personales. Sin embargo no logro entender por qué estamos obligados a creer en algo que no vimos sobre todo cuando hay, política y culturalmente, tanto en juego.

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Volviendo al la caja de Schrödinger, imaginen que no sólo no pueden comprobar la supervivencia del gato, si no que un megalítico aparato comunicacional nos repite día y noche durante meses que el gato está muerto; que por esa razón hay millones y millones de gatos en toda la extensión nacional que lloran frente a la caja sin abrir; que el gato del experimento era un importante ex-presidente gatuno, que la viuda es la actual presidente de los gatos de la nación, que ella lo nombra elípticamente en cada una de sus subsiguientes apariciones, que sobre todo el proceso se cierne un halo de felino misterio y que desde entonces un mito mesiánico se contruye en torno a su figura, bautizando con su nombre a calles, nosocomios y fábricas de la República de Los Gatos. Yo, si fuera gato o supiera hablar su idioma, diría- Meowww, dispulpen, pero todavía hay un 50% de probabilidades de que esté vivo ¡Abran la puta caja!-

Continúa en parte 2 y parte 3

Notas

1 Giardinelli, Mempo: Néstor y lo que se viene; 28/10/2010, Página12.com.ar

2 Masia, Marcelo L. 80 razones que demuestran que Kirchner nunca fue progresista 30/10/2010, Periódicotribuna.com.ar. Masia, Marcelo L. Documental: Serás lo que has sido, 2003/2007 Youtube.com

3 Monteith, Stanley: Wall Street, Nazis y la Revolución Bolchevique; Entrevista a Antony Sutton. 1980, Youtube.com

4 Gato de Schrödinger, Wikipedia.com

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7 comentarios to “El ataúd de Schrödinger (parte 1)”

  1. Mario César Ingénito 25 febrero, 2013 a 18:04 #

    Celebro incondicionalmente las lecturas analógicas de Lisandro Casiardi que que ellas son las únicas que pueden liberarnos de la ergástula de lo lógico o literal. Sobre todo por el modo con el que Casiardi “reúne lo disperso” y devela los verdadero paradigmas de los sintagmas del poder, su lectura se torna operativa en el sentido de una inminencia de anagogia en el seno de una ciudadanía lúcida.

  2. Edith 2 marzo, 2015 a 16:18 #

    Me gusto tu analisis. No conocia esta paradoja.

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