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¿MK-Castaneda? (parte 2)

8 Ene

MK-Castaneda-pt-2

Un ejercicio especulativo. Este artículo apareció en el fanzine Le Mutant Diplomatique, en un número monográfico dedicado a la figura de Carlos Castaneda. El autor agradece a Drew Hempel sus aportes bibliográficos.

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por El Reverendo JFK Tadeo

Bien, ¿dónde nos deja todo ésto con Castaneda? Podríamos especular que podría haber tomado parte en algún experimento en la UCLA e incluso haber sido sujeto de algún programa tipo “candidato manchuriano”. Sin embargo, el control al que se le habría —hipotéticamente— sometido no habría sido total, y le habría dejado un amplio margen para interpretar su desestabilizador papel de bufón cósmico. Del mismo modo, el hecho de que las agencias de inteligencia se hubiesen puesto en contacto con fuerzas ocultas no significaría necesariamente que las acabasen canalizando de forma efectiva. Jeff Wells hace una interesante reflexión a este respecto en Rigurous Intuition: «dudo que existan grandes magos en el Pentágono. Lo que me imagino, sin embargo, es a una panda de sociópatas mierdosos jugando con el Necronomicón y pensando que tienen el poder porque algo parece funcionar, pero sin comprender el por qué ni si eso podría ser algo malo». En la misma línea argumenta George Hansen en The trickster and the paranormal señalando que «cuando las agencias de inteligencia juegan con lo paranormal y lo mitológico, en realidad tienen poca idea de dónde se están metiendo. El contacto con poderes sobrenaturales puede provocar problemas a la hora de distinguir realidad y fantasía (…) Históricamente, muchos de los grupos que intentaron entablar una relación con los fenómenos paranormales se volvieron inestables. Hay pocas razones para pensar que los proyectos secretos del gobierno escaparían a dicho sino».

Éste es sin duda un escenario más ambiguo: el de un inevitable estallido de un tipo de consciencia pre-industrial —el “renacimiento de lo arcaico” de que hablaba Terence Mckenna— permeando todas las capas sociales, y que estaría intentando ser manejado/canalizado por los organismos de poder, quienes en vez de imponer un tipo de control más directo que habría puesto de manifiesto sus temores, reaccionarían de forma más discreta —y por lo tanto más imperceptible. En este escenario Castaneda aparece no como una víctima directa de las manipulaciones de la élite, sino más bien como un peón de lo que Laura Nader llamó el “factor fantasma”: el fluido, casi espectral reclutamiento y la reforma sutil de los antropólogos destinada en último término a mantener su red de proyectos e inteligencia.

Factor fantasma

En “Revisiting ‘Magical Fright’”, el profesor Bruce Lincoln da cuenta de cómo podrían funcionar estos mecanismos. Su argumento versa sobre el trabajo del antropólogo John Gillin, quien publicó en 1948 el primer informe sobre una ceremonia de sanación por pérdida de alma en Guatemala. Tras revisar notas no publicadas de Gillin y compararlas con las de su ayudante, Lincoln llega a la conclusión de que, aunque ciertamente meritorias, las investigaciones de Gillin vienen distorsionadas por su propia visión del mundo —en otras palabras, éste estaría «acostumbrado a ver lo que quería ver». Su propio sentimiento de auto-importancia resaltaría el papel central del curandero como figura de la resistencia indígena en el país —cosa que a su vez resaltaría su papel de investigador, aunque la realidad era que los curanderos eran vistos por los indígenas como sospechosos de colaboracionismo. Al compararse las notas de Gillin con las de su ayudante se demuestra que el antropólogo llegó a autocensurar sus informes. La misma visión parcial llevaría también a infantilizar a la paciente, obviando las dinámicas de género de su situación sociopolítica —de las cuales habría derivado su “pérdida de alma”.

El pensamiento de Gillin fue tomando tintes faustianos en los siguientes años, abogando por la creación de un nuevo estilo de investigación que sistematizaría a escala nacional el estudio tanto de las élites locales como de las comunidades de campesinos, y de hecho fue enviado a otros seis países en donde operaba la United Fruit Company para realizar peritajes para tal fin. La United Fruit Company mantenía estrechos vínculos con la CIA —el hermano de Allen Dulles trabajó allí como abogado jefe corporativo— y fue la amenaza hacia el monopolio agrícola de la compañía por parte del gobierno de Jacobo Árbenz lo que instigó el golpe de estado de 1954 —planificado por la CIA— en Guatemala. Para entonces, Árbenz ya había rechazado los planes de investigación de Gillin, quizás sospechando que podrían formar parte de una estrategia de infiltración por parte de los norteamericanos. Las notas autobiográficas de Gillin revelan que sus estudios fueron financiados por la Carnegie Corporation, siendo su contacto con la misma John W. Gardner, también involucrado en el pasado con la OSS —la precursora de la CIA— y clave en el establecimiento de otros centros de espionaje encubierto durante la Guerra Fría como el Russia.

Research Center

¿Podría haber sido promocionada la figura de Carlos Castaneda desde el poder? Recientemente se ha sabido que ésto de hecho sucedió con el movimiento artístico del expresionismo abstracto. Del mismo modo que la anti-antropología de Castaneda, el expresionismo abstracto también iba en contra de los valores establecidos, y sin embargo y paradójicamente recibió de la CIA abundante financiación. El objetivo, según el artículo de voltairenet.org “La CIA, mecenas del expresionismo abstracto” sería «mostrar la creatividad y la vitalidad espiritual, artística y cultural de la sociedad capitalista en contraste con la monotonía de la Unión Soviética y de sus satélites». Castaneda fue bautizado como “el abuelo del movimiento de la Nueva Era” por la Time Magazine, la misma publicación que le dedicara su portada en 1973 y que contaba entre sus filas con Henry Luce —miembro de Skull & Bones y que había participado en otras operaciones de la inteligentsia anticomunista— o con C. D. Jackson, anterior jefe del departamento de Guerra Psicológica de los EEUU. Sin embargo, y como declara el ex-agente de la CIA Donald Jameson en el artículo de voltairenet.org: «claro que no los artistas no estaban al corriente de nuestro juego. Hay que excluir que gente como Rothko o Pollock supiesen nunca que estaban siendo ayudados desde la sombra por la CIA, que sin embargo tuvo un papel esencial en el lanzamiento de ellos y en la promoción de sus obras. Y en el vertiginoso aumento de sus ganancias». Desde luego podría haber ocurrido lo mismo con Castaneda.

Hechizos solipsistas

Si el objetivo de las élites habría sido crear un movimiento espiritual en último término solipsista y positivista con el fin de pacificar a sus seguidores, la propia filosofía de Castaneda podría haber servido a sus intereses. Como él mismo admite en una entrevista:

“[…] cuando conocí a don Juan, estaba imbuido de ideas sobre la reforma y la injusticia social. En realidad, creía que podía ser útil política o ideológicamente desde un punto de vista clásico. El rebelde que tira bombas y que quiere la revolución. Don Juan acabó con toda esa afiliación mía. Me dijo: “Mira, si hay alguien entre los dos que debe quejarse, soy yo, soy yaqui, indio” Creía que él tendría que quejarse y no yo. Al final, los yaquis no me interesan en tanto que tales, porque interesarme por ellos significaría dejar de lado una idea más importante: la salvación del individuo.”

Dejando de lado las connotaciones judeocristianas de “la salvación del individuo”, la posición individualista de Castaneda puede entenderse como reaccionaria, aunque también puede que filtre la sensibilidad de las sociedades tribales. En este sentido, señala Robert Anton Wilson, «el chamán asume, incluso transmite, ciertos valores que son tribales y ecológicos y que casi inevitablemente se tiñen de anarquía: el “todo está permitido” de Hassan i Sabbah, el notorio “haz lo que quieras, será la ley” de Crowley, o el “no puedes hacer nada bueno hasta que te sientas bien” de Abbie Hoffman. La tribu está descentralizada y es radicalmente individualista (compárese con  la máxima de los indios Cherokee “Ningún hombre debería ser obligado a hacer algo que va contra su corazón”». Sin embargo, el factor comunitario se halla ausente en los libros de Castaneda, y en la misma entrevista citada más arriba él mismo da cuenta de ésto:

“Yo, como individuo, no como elemento cultural, entendí las enseñanzas de don Juan de la mejor manera posible, en mi propio interés. Dejé de lado todo lo que significaba una posición social. Es una de las críticas que me hicieron la noche de la conferencia de prensa. Consideraban que don Juan no era un chamán, en el sentido de que no tenía ninguna función social.”

Ésto contrasta fuertemente con la visión que ofrece Jeff Kripal en Autores de lo Imposible acerca de la interrelación del chamán con su grupo: «muchos chamanes han proclamado que no pueden acceder a sus poderes mágicos sin la presencia de un grupo. Y del mismo modo, el grupo social es contínuamente influido por la presencia y los rituales dramáticos de los chamanes. Juntos, la psique del chamán (…) y el grupo cultural se erígen recíprocamente». Se ha hablado del poso machista de la personalidad de Castaneda, y puede que ésto impregnase su concepción del chamanismo. Si nos atenemos a lo que Karen Vogel expone en su ensayo “Female Shamanism, Goddess Cultures, and Psychedelics”, el componente femenino dotaría a la práctica del chamanismo de este equilibrio con la comunidad:

” […] el chamanismo como actividad comunitaria es especialmente visible en el caso del chamanismo femenino. Bonnie Glass-Coffin explica las tradiciones sanadoras femeninas con el término coesencia: «La coesencia, en contraste con la trascendencia y la inmanencia, no localiza el poder chamánico y la energía espiritual a la que se conectan los chamanes ni dentro ni fuera de los límites de este mundo. En lugar de esto, la coesencia implica que dicha energía fluye entre los mundos. Cuando la chamán accede a esta fuente de poder, ni está trascendiendo dicotomías ni está sanando “en representación” de sus pacientes. Lo que hace es facilitar un reestablecimiento del flujo energético entre el espíritu y la materia, entre el indivíduo y el grupo, entre la chamán y el paciente. El poder chamánico y el viaje chamánico son, por lo tanto, inherentemente relacionales».”

En este sentido, la visión del chamanismo de Castaneda/don Juan habría cartografiado un territorio que no tiene por qué ser inválido, pero que se hallaría desconectado en último término de su entorno social y por lo tanto carecería de una utilidad práctica. O como explicaba Jerry Mander en una entrevista:

“[…] muchos de los proponentes de la Nueva Era afirman festejar a los indios, aunque solo festejan verdaderamente lo que ellos piensan que es el misticismo indio, sin apreciación alguna de donde viene éste, de como se halla enraizado en la comunidad, en la Tierra y en el igualitarismo. Su interés en la espiritualidad india no da importancia a la situación política que los indios enfrentan en este planeta. Si el conocimiento de los nativos va a ser preservado, uno debe involucrarse políticamente para ayudarlos. Y la gente de la Nueva Era no está interesada en ello; están interesados en leer por encima lo que consideran lo enjundioso —los aspectos místicos, los rituales de peyote o quizás el arte. Se trata simplemente de autoindulgencia orientada hacia el ego, hacia el engrandecimiento personal. Es políticamente de derechas y muy contraproducente para los ideales de un mundo sostenible y de una consciencia humana sana, dado que preserva el sistema de valores que está causando el problema.”

Conclusión

Por último, y volviendo a nuestra disquisición inicial del artículo: ¿qué movería a Castaneda a escribir una novela acerca de su rol como asesino para la CIA? Hemos hecho un examen especulativo de los diversos grados de control al que podría haber estado sometido, pero aún queda una última hipótesis que personalmente encuentro no sé si más plausible, pero desde luego sí más poética: la de que, habiendo identificado al final de su vida todas estas tendencias y siendo plenamente consciente de su influencia literaria en los países occidentales, la respuesta de Castaneda habría sido inventar de nuevo una narrativa que lo caracterizaría precisamente como un agente de estos sistemas de control.

Haciendo literal la influencia de la CIA en su persona y desvelándo a su autor como un agente doble, el libro, de haberse publicado, hubiera causado un revuelo descomunal. De haberse llegado a materializar esta narrativa nos hallaríamos de nuevo ante una jugada maestra de un consumado embaucador que, aún habiéndose descubierto preso —tanto de los mecanismos de control como de sí mismo—, continuaría utilizando el caos y la confusión deliberados como sus herramientas liberatorias preferidas.

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Intervienen la Biblioteca Vaticana y harán público su Archivo Secreto

24 Dic
Anaqueles del Archivio Segreto Vaticano (ital.) Paradójicamente su lema es "Lux In Arcana", Luz sobre el Misterio, en latín.

Anaqueles del Archivio Segreto Vaticano (ital.) Paradójicamente su lema es “Lux In Arcana”, Luz sobre el Misterio, en latín.

Fue el OPLIC, Organismo Planetario de Libertad del Conocimiento, tras una resolución del Tribunal Intergaláctico de la Tierra. También expropiaran la Biblioteca.

por El Futurólogo

ROMA. Esta mañana a primera hora una comitiva interventora del OPLIC- Organismo Planetario de Libertad del Conocimiento, dependiente del Tribunal Intergaláctico de la Tierra- liderada por Livio Zaugardi, irrumpió bajo amparo legal en la Biblioteca Vaticana. El objetivo de la operación, según el interventor afirmó en conferencia de prensa, es “liberar la ingente cantidad de antiquísimos volúmenes que contienen conocimientos invaluables que fueron premeditada y sistemáticamente sacados de circulación pública por la Iglesia Católica durante más de 2000 años por medio de la violencia y el engaño”.

De acuerdo a fuentes autorizadas del Tribunal Intergaláctico, el OPLIC procederá a designar funcionarios idoneos de la “Santa Sede” a los fines de garantizar la transparencia del proceso. Tras este operativo- que incluirá una minuciosa catalogación e inventario de los volúmenes y todos los bienes y recursos de la Bibliotheca Apostolica Vaticana, tal el nombre en latín-, la totalidad de los ejemplares, la infraestructura y todo objeto que la biblioteca contenga será expropiado de su histórico propietario directo, el papado, en nombre de “la humanidad y el planeta Tierra”.

La Biblioteca, incluido el Archivo Secreto en su totalidad, podrá ser consultada por el público general luego de finalizada la intervención, para lo cual no hay fecha cierta pero se estima un periódo que mediará entre 6 meses y un año, luego de lo cual la misma pasará a depender del Tribunal Intergaláctico de la Tierra. Hasta dicho momento, sin embargo, la Biblioteca y el Archivo podrán ser visitados por investigadores y estudiantes previa acreditación del OPLIC.

El vocero y archivista vaticano, Cardenal Jean-Louis Tauran, declaró la consternación de la milenaria institución eclesiática ante el hecho, el cual consideró un “atropello” que “atenta contra la preservación del saber para las futuras generaciones y pondría en peligro el bienestar de la humanidad si dicha información cayera en manos equivocadas”.

Por su parte Zaugardi afirmó que “Ya no se necesitará un visto bueno de nadie ni habrá conocimientos para unos pocos”. “Este es un paso venturoso en la historia de la humanidad” manifestó alegre el interventor, prometiendo además que el OPLIC no descansará hasta que “la humanidad entera goce de un pleno conocimiento de su verdadera historia y potencial como especie”, tras lo cual puede preverse futuras intervenciones en otros frentes. Al respecto autores de la talla de David Abufalia o Christopher Wickham expresaron su aprobación y celebraron el hecho. Entre otros documentos que la comunidad historiográfica internacional ansía hallar y que tendrían el potencial de reescribir la historia conocida, se encuentran los archivos ocultos sobre los primeros siglos del Cristianismo, la Inquisición, las Cruzadas y la relación de la Iglesia con la Conquista europea de América y otros continentes. Por otro lado, George Kavasillas y otros investigadores en areas como la ufología o el conspiracionismo esperan encontrar más información sobre la relación de inteligencias extraterrestres e interdimensionales con los sucesos humanos.

El parte oficial del OPLIC comunicó que la evolución detallada y paso a paso del proceso interventivo podrá seguirse en la web oficial del organismo www.oplic.com, con informes actualizados sobre el inventariado y catalogación de la Biblioteca y el archivo secreto.

¿MK-Castaneda? (parte 1)

23 Dic

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Un ejercicio especulativo. Este artículo apareció en el fanzine Le Mutant Diplomatique, en un número monográfico dedicado a la figura de Carlos Castaneda. El autor agradece a Drew Hempel sus aportes bibliográficos.

por El Reverendo JFK Tadeo

Amy Wallace menciona en Aprendiza de bruja cómo al final de su vida Castaneda habría estando dictando notas a una de sus colaboradoras acerca de una novela que describiría su trabajo como asesino a sueldo de la CIA en España. Dejando de lado el tema de la intervención de la CIA en la política española —véanse Los expedientes secretos de Manuel Carballal o La CIA en España de Alfredo Grimaldos para una elocuente discusión sobre el tema—, el discurso de que el movimiento psicodélico estadounidense fue de alguna forma diseñado o conducido de forma encubierta por las élites está tomando más y más fuerza los últimos años. Wallace dice haber recibido una carta anónima desde Simon & Schuster en la que se sugería que Carlos Castaneda no escribió exactamente sus libros, o no al menos en su totalidad. Todo ésto puede ser, claro está, simple rumorología, pero la idea de una mano negra manejando a Castaneda debe ser examinada.

Jay Fikes señala en Carlos Castaneda, oportunismo académico y los psicodélicos años sesenta cómo «para el año 1959 los militares estadounidenses empleaban a civiles como conejillos de indias para sus experimentos con LSD. Abbie Hoffman, el activista más radical de los 60, oyó hablar de la LSD por primera vez a Aldous Huxley en 1957. Dos años después, Herb Cahen, el columnista del San Francisco Chronicle, escribió que se pagarían 150 dólares a los voluntarios que participaran en los experimentos. Según Hoffman, “aquello vació Berkeley”. La cola de gente que esperaba ser retribuida por hacer un viaje era tan larga que Hoffman se quedó sin conseguirlo». Y, continúa Fikes, «en Stanford se desarrolló otro programa de investigación patrocinado por los militares. Fue allí donde el marido de Margaret Mead, el antropólogo Gregory Bateson, se aseguró de que Allen Ginsberg tomara LSD. (…) A Bateson le había dado LSD el Dr. Harold Abramson, un operario de la CIA que se deleitaba “conectando a intelectuales”».

Ciertamente la UCLA —en donde Castaneda obtuvo su título y en donde también llegó a recibir un respaldo entusiasta por parte de muchos antropólogos profesionales— también contaba con la presencia de agentes de la inteligencia estadounidense. Por ejemplo, en 1969 el Dr. Louis Jolyon West —quien participara en los primeros experimentos de la Guerra Fría sobre lavado de cerebro— fue nombrado director del Departamento de Neuropsiquiatría de la UCLA. Citemos algunos títulos de los estudios publicados por West para hacernos una idea de sus intereses: “Lavado de cerebro”, “Psiquiatría, lavado de cerebro y el carácter americano”, “Alucinógenos”, “Cultura hippie”, “Disturbios en el campus y la contracultura”, “Sectas, libertad y control mental” o “Técnicas de persuasión en sectas contemporáneas”. Además, no sólo se financiaban  en la UCLA estudios sobre control social; en The CIA doctors el Dr. Colin Ross explica cómo en 1966 había ingresado en el mismo departamento de Neuropsiquiatría la Dra. Thelma Moss, la cual llevó a cabo numerosos estudios sobre PES y fenómenos paranormales: “Efectos de PES en ‘artistas’ contrastados con ‘no artistas’”, “Investigaciones cuantitativas sobre una ‘casa encantada’”, “PES en largas distancias”, “Telepatía y vigilia”, “Hipnosis y PES: un experimento controlado”, “El efecto de la creencia en el éxito de la PES” o “¿Existe una energía en el cuerpo?”.

Lo que no deja claro el rumor que Wallace reproduce es si Castaneda, de haber ejercido como agente de la CIA, habría participado consciente o inconscientemente en dicha empresa: simplemente carecemos de la información necesaria para averiguarlo. Pero lo que sí es cierto es que existen precedentes para contemplar ambas opciones, y más si se tiene en cuenta que ocultismo y espionaje comparten un campo común de la experiencia humana. Como señala Michael Howard, «las oscuras artes del espionaje tratan de la obtención de información secreta, y brujas, psíquicos y astrólogos han afirmado siempre ser capaces de predecir el futuro y de saber cosas ocultas a la gente ordinaria (…) Ocultistas y oficiales de la inteligencia son similares en diversos aspectos, dado que habitan en un sombrío inframundo de secretos, engaños y desinformación». O en palabras de Iona Miller «lo que los espías tienen en común con los magos es una increíble habilidad para conectar lo aparentemente inconexo, darse cuenta de lo que sucede tras las bambalinas y ver más allá de las pistas falsas. (…) Ambos han aprendido a sintetizar e interpretar datos, a marcarle el paso a la gente y a controlarla mediante las artes comunicativas. Como observadores entrenados, los magos y los espías son adeptos a la lectura de la mente de las personas y al mantenimiento de secretos».

En un polo del argumento sobre la intencionalidad de Castaneda lo tendríamos uniéndose voluntariamente a las filas de las agencias de inteligencia —como se dice que ya hicieran en el pasado otros “hombres de conocimiento” como Aleister Crowley o John Dee. En el polo contrario, Castaneda aparecería como una víctima de los proyectos de control mental que persiguió activamente la CIA —ARTICHOKE, MK-ULTRA, etcétera. Siendo esta última una posibilidad más compleja que la de la unión consciente con los manipuladores —aunque dado el caso siempre se podría especular acerca de dobles y triples intenciones—, contemplémosla con más detenimiento.

Pre-historia del Control Mental

La creación de un asesino programado —lo que se llamó el “candidato manchuriano”— comprendería: 1) la inducción de hipnosis en sujetos involuntarios, 2) la creación de un subsecuente estado de amnesia y 3) la implantación de sugestiones posthipnóticas duraderas que se activarían mediante un estímulo concreto. En un experimento en 1954, el oficial Morse Allen consiguió poner en estado de trance a una de sus secretarias, implantándole la orden de matar a una compañera suya —lo cual de hecho intentó utilizando una pistola descargada que Allen había dejado a su alcance (inmediatamente pasó a olvidar todo el episodio).

No era, claro está, la primera vez que se inducía a la violencia por medio del trance: ésto es de hecho una constante durante toda la historia. Como cuenta Martin Cannon en “The pre-history of MK-ULTRA” el uso de la Amanita Muscaria y otras técnicas de inducción al trance con fines bélicos —con el fin de reducir el miedo y la ansiedad frente al conflicto y aumentar la fuerza, la resistencia, la agudeza mental y la habilidad de soportar el dolor— eran ya conocidos en las tribus de Rusia central hace 4500 años. El Dr. William Sargant, también involucrado en los estudios sobre control mental estadounidenses, era plenamente consciente de ésto:

“Algunas personas pueden producir un estado de trance y disociación en sí mismos, necesitando cada vez menos de estímulos emocionales fuertes y repetitivos, hasta el punto en que se vuelve un patrón de condicionamiento de la actividad cerebral que llega a darse únicamente ante pequeños estímulos y dificultades. Por ejemplo, en el contexto de las religiones primitivas (…) si el trance se acompaña de un estado de disociación mental, la persona experimentándolo puede ser profundamente influenciado  en su conducta y su pensamiento subsecuente.”

Otro ejemplo paradigmático puede encontrase en la figura del señor de la guerra persa Hasan I Sabbah, quien al parecer inducía un trance a sus reclutas haciéndoles creer que estaban literalmente muertos y que se encontraban en el Jardín de las Delicias; acto seguido, los sacaba de dicho trance y los enviaba a luchar prometiéndoles que su martirio sería recompensado con el regreso al paraíso.

En Las armas secretas de la CIA, Gordon Thomas describe a los integrantes de los programas de control mental inmersos en la lectura de antiguos grimorios y expedientes de la Inquisición, estudiando la aplicación de ritos de vudú a sus experimentos y viajando por todo el mundo en busca de drogas exóticas. Pero, en cierto modo y como sugiere John D. Marks en En busca del candidato de Manchuria, todos estos experimentos supusieron de hecho la puesta en evidencia de las limitaciones de la mente occidental en su búsqueda por el control de las técnicas de pueblos del pasado: el lavado de cerebro que la China comunista había realizado en los soldados estadounidenses —el suceso que de hecho disparó la paranoia de los mandatarios de los EEUU respecto al control mental— y que había sido llevado a cabo por consumados acupuntores habría acabado siendo más efectivo que los experimentos estadounidenses. (Marks sin embargo admite que los documentos declasificados a los que tuvo acceso son en el mejor de los casos ambiguos y que estaban altamente censurados. Del mismo modo alberga fuertes sospechas de que la batalla por el control de la mente de la CIA se trasladase al campo de la alta tecnología; los avances que en los últimos tiempos están saliendo a la luz en el campo de los dispositivos cibernéticos aplicados a la mente humana desde luego no augurarían nada bueno si se decidiese aplicarlos al control social, pero éste es otro tema).

Pero volviendo al experimento de hipnosis de Morse Allen con su secretaria asesina, una cosa era tener éxito en el entorno de una oficina y otra bien distinta sería llevarlo a cabo en el  campo de la acción real. Como sopesaba un veterano del MK-ULTRA: «si tienes un cien por cien de control, tienes también un cien por cien de dependencia. Si algo sucede y no lo has programado, tienes un problema. Si intentas implantar flexibilidad, pierdes el control. En el momento en que dejes tomar decisiones al agente, careces del control».

A veces existe una cierta tendencia  entre los investigadores de la parapolítica de mistificar a los agentes de los complots con un aura de poder oculto, pero puede que ésto tenga luego poco que ver con la realidad; lo cierto es que en el mundo real la torpeza, el azar y la chapuza hacen su aparición en cualquier lugar. Considérese por ejemplo esta hilarante anédocta narrada por el Dr. Sidney Gottlieb:

“Como sabrán, uno de los problemas de los dispositivos de sonidos instalados en la pared o bajo una alfombra es que, al igual que una cámara fotográfica, toman una imagen de lo que captan, no de lo que ustedes interpretarían por sí mismos gracias al cerebro. Los seres humanos tenemos una cóclea en los oídos que filtra los sonidos para que podamos sostener, por ejemplo, una conversación en un cóctel. Sin embargo, si uno graba un cóctel, recogerá todo el ruido y no podrá distinguir la conversación. Hemos estado trabajando en un dispositivo de audio que filtra el ruido de fondo. Hemos usado una cóclea de verdad, una cóclea de gato. Cableamos al gato para que bloqueara todos los sonidos indeseados. Lo adiestramos para que escuchara conversaciones y no el ruido de fondo. Nos hemos gastado un dineral. Abrimos al gato, le metimos baterías y lo cableamos. Usamos su cola de antena. Luego le hicimos pruebas y más pruebas. Descubrimos que dejaba el trabajo a medias si le entraba hambre, de modo que nos ocupamos de eso conectándole otro cable que le quitaba el hambre. Luego lo llevamos a un parque y le dijimos: «Escucha a esos dos tipos. No escuches nada más: ni a los pájaros, ni otro gato ni un perro. ¡Sólo a esos dos tipos!». Mientras el gato cruzaba la calle, un taxi lo atropelló. Allí estábamos, sentados en nuestra furgoneta, listos para grabar al gato mientras él nos retrasmitía la conversación de aquellos dos sujetos, ¡y el gato estaba muerto!”

Constinúa en parte 2

La Singularidad

24 Nov

Un cuento de Sci.Fi metafísico, sobre la expansión del Universo en fast forward…

por Víctor Heco

Tardó en darse cuenta. Si hubiera prestado atención lo habría notado. Las cuatro cuadras que caminó hasta La Eulogia, le costaron una enormidad. Avanzaba con el cuerpo tirado hacia adelante, como empujando una etérea barrera que le ofrecía resistencia a cada paso. No había viento. El viento de agosto que recorre con furia las calles y agita los árboles hoy no soplaba. El cielo estaba despejado. Las hojas de los fresnos y plátanos permanecían inmóviles y sin embargo a él se le hacía trabajoso llegar al pub. Con un esfuerzo sobrehumano llegó a la ochava de Santa Fe y Avda. San Martín, de inmediato abrió la puerta y entonces si, la sensación de alivio lo invadió. Sintió como si hubiera escapado, a duras penas, de alguna sustancia viscosa que trataba de retenerlo, de impedirle avanzar.

El bar estaba desierto. Cosa muy rara a esa hora. Las once de la mañana, momento de café y charla intrascendente. De fútbol y política. De cigarrillos y chismes. Extraño. Ni el mozo estaba. Sobre la pared, a su espalda, un gran televisor mostraba imágenes del noticiero y de tanto en tanto las grandes sonrisas de los conductores anunciaban desgracias ocurridas aquí y en el mundo, mostrando plagas, huracanes, terremotos, mineros sepultados y escándalos del espectáculo. Avanzó con cautela. Estudiaba el ambiente. No estaba acostumbrado a ese silencio. A esa soledad. Tomó asiento junto a la ventana que da hacia la Avenida. Una ventana blanca, de esas antiguas, que se abren verticalmente, con medio vidrio. A su derecha, en diagonal veía el kiosco de Finito, justo en la esquina. También había poco movimiento. Todo muy quieto se dijo

Tal vez se distrajo. Tal vez porque era su costumbre, pensó, el mozo no lo consultó y directamente le trajo el café pero  lo cierto es que no vio nada de eso. Ni el mozo que se acercaba, ni la chica detrás de la barra sirviéndolo. Estaba mirando los coches detenidos en el semáforo cuando al dar vuelta la cabeza, vio el pocillo frente a el mientras que todo seguía solitario. Tampoco recordaba cuándo había encendido el cigarrillo, pero éste estaba humeante en el cenicero junto al recipiente con azúcar y edulcorante. Vio también dos sobrecitos rasgados en elocuente muestra de que los había volcado en la tacita. ¡Nada, no recordaba nada! ¡Qué sucede!, gritó. ¡¡ ¿Dónde están todos?!! Silencio, absoluto, opresivo y total silencio. Bajó la cabeza, trató de ordenar las ideas pero tampoco tenía ninguna. En su interior también había silencio, sólo alcanzaba a escuchar el televisor, por mas que no le prestara atención la voz le llegaba muy clara a sus oídos.

Escuchaba a alguien hablar en inglés y a pesar de no saber el idioma lo comprendía claramente. Quien hablaba parecía balbucear. Era una voz conocida. Alzó la vista y lo reconoció. Stephen Hawking, se dijo, el célebre astrofísico. Estaba explicando, con su metálica voz emitida a través de un ordenador,  su teoría acerca de que Dios, ni ninguna divinidad habían tenido nada que ver en el Big Bang. El decía que Dios no tuvo intervención cuando el infinitesimal punto conteniendo toda la materia y energía que hoy hay en el universo hizo explosión. En la colosal detonación ocurrida hace trece mil millones de años no hubo ninguna participación sobrenatural, sólo las leyes de la física. Sí, agregaba, hay un instante, inmediatamente anterior a eso en que esas leyes no se cumplen, eso se dio en llamar Singularidad. Aún no pudimos dilucidar ese hecho, agregaba el científico, pero algún día, lo sabremos. El periodista formuló una  pregunta pidiéndole precisiones sobre el Big Bang y Hawking dijo, con el lenguaje simple y llano de quien domina un tema: – Lo que ocurrió fue lo siguiente. Luego de la detonación, inmediatamente después de la Singularidad, la materia que hoy contiene el universo comenzó a expandirse. Toda la materia, la energía, la materia oscura, el hidrógeno, el helio, todo, empezó una expansión que aún continúa y los elementos químicos básicos comenzaron a combinarse y a formar las estrellas, las galaxias y los planetas. Todo surgió de ese momento mágico y, contrariamente a lo que se pensaba, la velocidad de expansión del universo continúa acelerándose. Llegará un día, dentro de millones de años, en que nuestro cielo no será tan luminoso como lo conocemos ahora, el cielo será oscuro pues las estrellas, se están desplazando.

Ese fue precisamente el momento en que se dio cuenta. ¡Claro!, dijo, ¡Es evidente! ¡¡Es eso!! Quería contarlo pero estaba solo. Su mente, que ahora si pensaba, realizó una pausa. Ordenó sus pensamientos y, reanudando la cadena de razonamientos concluyó que su dificultad para avanzar camino al pub no se debía a la debilidad o al  viento; ¡de ninguna manera! Se trataba simplemente de lo que había expresado el Dr. Hawking. Era muy simple. El café no era el café de hoy, era otro café, ¿de ayer? ¿De hace un año? Puede ser. A su alrededor, las paredes ya no eran las paredes del bar, eran las de la vieja farmacia que funcionaba en el lugar. El kiosco de Finito ya no estaba, había una vieja vinería. Al frente, el local del servicio de internet fue reemplazado por la antigua tienda Baravalle. Desapareció el semáforo, las calles eran de tierra. Lo compendió todo muy claramente. ¡El universo, su universo, había dejado de expandirse! Eso, con lo que el luchaba camino a La Eulogia, no era otra cosa que su universo en retroceso. Las cuatro cuadras que caminó desde su casa, fueron una lucha sin cuartel contra el infinito que se comprimía. Su infinito. Su espacio. Su tiempo.

Miró la mesa. Se estaba desdibujando. Tenía una extraña transparencia. Veía la mesa pero también el piso de madera entablonada. El humo del cigarrillo regresaba. La copa que rompiera quien sabe cuando, volvía a estar sana. Las cosas volvían a su lugar. El orden se restauraba. Los sobrecitos de edulcorante estaban sanos. Sus manos, ahora,  también eran traslúcidas. Su cuerpo, todo, era un simple contorno luminoso. Desde el televisor, Hawking parecía hablarle a el solamente. En este momento decía que dentro de millones de años, ese proceso de expansión se detendría y todo volvería a su punto inicial. ¡Mentira!, gritó, ¡Mentira! ¡Lo que se detiene y se contrae es el universo de cada uno, el proceso continúa, es infinito, es eterno.

Mientras gritaba eso, fue desmaterializándose. Ya no estaba en La Eulogia, con su olor a café y cigarrillos, debajo de él veía La Tierra, con sus océanos y sus nubes, pero continuaba su ascenso. Se sintió parte de todo. De la tierra, sus plantas y animales. Se asumió formando parte de cada una de las manifestaciones de vida del cosmos. En todo su ser, una total comprensión de las reglas inmutables de la creación, hizo explosión.

Se encontró admirando el espacio. Miró hacia el Sol y los gigantes planetas lejanos. Sobre un fondo oscuro, iluminados por la luz dorada de nuestra única estrella, en un magnífico claroscuro,  el perfecto mecanismo de sus órbitas realizaba su danza eterna. Pudo apreciar el proceso de formación de las estrellas. Contempló la muerte de otras. Las veía crecer hasta tamaños inimaginables y luego colapsar en una explosión dantesca, diseminado material estelar a los confines del universo. Se maravilló con la belleza de los pilares de la creación, aquellas reserva de materia cósmica  de dónde surgen las galaxias. Vio la errática orbita de los cometas, transportando agua y los elementos críticos para fundar la vida en mundos aún inexistentes. También, observó su vida, la que recordaba, ésta, la inmediata, que estaba finalizando y las que pudo tener. Supo de destinos alternativos, de mundos paralelos, de futuros probables. Experimento el dolor de sus tres fatales y consecutivos infartos. Entendió todo. Aquello que se dice, de que quien fallece puede repasar su vida era cierto. Cuando nuestro Universo comienza a contraerse también retrocede nuestro tiempo, volvemos al origen, volvemos a empezar, volvemos…

En ese momento, algo así como una voz que le transmitía con infinita ternura, se dejo oír en su esencia: -Bienvenido – le dijo a modo de saludo, Estás de regreso. No temas. Hawking pronto lo descubrirá. Yo Soy el que Soy. Yo soy la Singularidad.

Mas tranquilo, sabiéndose a salvo, se hizo uno con la creación.

John

22 Nov

Hoy 22 de noviembre se cumple un nuevo aniversario del asesinato de JFK. He aquí un breve recordatorio de los hechos más relevantes de su vida y su muerte, en clave de prosa poética.

por Franco Vico

Irlandés y católico hijo de la élite, lo pusieron allí por eso. Irlandés y católico, su padre, el millonario del licor, entrenó a la progenie en los ministerios del dinero y la influencia, allanándoles camino bajo la protección de otros clanes. De sangre real, un partido seguro, aunque irlandés y católico, quién sabe. Irlandés y católico, mujeriego impenitente, hasta llego a follar en plena fiesta e intercambiar pareja con su amigo Kefauver, sin que el resto de la concurrencia considerara siquiera quitarse la ropa. Irlandés y lujurioso, asombrosamente no dado al trago pues su padre le pagó mil billetes para que no bebiera hasta sus 21, cosa que él le agradecía. Millonario del licor su padre, pero no borracho, detestaba el estereotipo del Úlster, de beodos buscapleitos. Millonario del licor, inversionista y embajador en Londres, sin él la guerra no se hubiera urdido, incluso hizo apresar a Gatewood Kent por querer avispar al ganado, de la carnicería pergeñada.

Irlandés y católico, womanizer, amigo en secreto de magos negros y amante de esclavas mentales, se caso con ella solo para fraguar un perfil de padre trabajador adicto a las buenas costumbres, tan necesario. Pero ella lo sabía todo y su suerte, por lo cual escribió una breve profecía literaria sobre su búsqueda del vellocino de oro, la noche de bodas. Ascendió rápidamente desde sus días en Choate y el London School, donde entró por un judío, amigo de su padre, una excepción a la regla. Todos le decían Jack y, aunque pensaba dedicarse al periodismo, la fortuna dictó que su hermano mayor muriera y alguien más en la familia debiera sojuzgarse en la política. Ascendió rápidamente, primero diputado y luego senador, votó leyes ganadoras y acompaño a MacCarthy en su gesta incendiaria, todo útil para presidenciarle. Irlandés y católico, hijo de la élite, de un modo u otro un chorlito en la oficina. Solo debió negociar con su rival Johnson para la fórmula, si no quería que las grabaciones de Hoover salieran al ruedo.

Debatió con el malo públicamente, por TV y radio, tres veces. La primera, los que escucharon la radio dijeron que ganaría el malo, los que lo vieron supieron que sería él. El malo transpiraba, era feo y torpe; él en cambio era un esposo ideal, atractivo y resuelto, tanto que ni parecía católico. Convenció a la multitud de su integridad o progresismo, y todos asintieron mientras el malo se secaba la cara con un pañuelo. Y él no transpiraba, no por irlandés, si no por haberse dejado maquillar.

Las elecciones resultaron sencillas aunque ya presentía que era Johnson su guardiacárcel. Declamó frases únicas e hipnóticas en su asunción, prometió cosas a negros y radicales. Sus patrones lo entendieron como parte del juego y por qué no, tal vez lo fuera. Fue el más joven electo por las masas en su cargo, el más joven, todo un símbolo, llamando a la acción, al compromiso. Era un buen oficiante, como deben serlo los que ahí llegan, hijos de la élite. Dio discursos y tomó medidas que señalaron la fractura nacional, lo acusaron de comunista, de nigro lover, de cobarde, católico e irlandés. Pretendió acabar con lo que hacía daño y derrochaba energías, pero no se dio cuenta que eso enfurecería a sus mentores, jefes de la élite, quienes verían adelgazar varios centímetros su cartera de dominios. No intervino en la gran isla, decapitó a los servicios secretos, reformó la corte, no era suficientemente hostíl, quería la paz del mundo, el desarme, todo eso sin revocar dos penas de muerte, una de ellas la última de Iowa. Un chorlito en la oficina que no hace su trabajo, probablemente no sea tan inocuo.

Trayectoria de la “Bala Mágica”, de acuerdo a la Comisión Warren.

Muchos lo detestaban, por no entenderlo o por irlandés y católico. Tal vez fuera parte del plan pero la 11.110, resolución un tanto pasada por alto, quizás haya sido la que selló su destino, sin marcha atrás. Planeaba reconquistar la maquina de imprimir notas de cambio, eludiendo tanto privilegio mal habido de los padres de la élite. Como  fantasearon el escuálido Lincoln, Gardfield y otros muertos como ellos, el pueblo podía también pintar papeles y llamarlos plata, pues no hay nada especial en ello, salvo el acto de magia. Y así firmó, sonriente, la orden de dicho número difícil de recordar, con cuatro unos que suman cuatro, elocuente cifra de la materia terrenal. Fue así que el monstruo de Jekyll, de la isla con ese nombre, se sintió desnudo, amenazado por vez primera desde 1913. O acaso fue que así lo concibieron desde un comienzo, como sacrificio televisado por el cincuentenario monstruoso, ofreciendo un irlandés y católico hijo de la élite, cuyo cerebro se esparciría sin remedio, sin marcha atrás, como su destino sobre aquel Lincoln negro modelo ’61, en la curva de Dealey Plaza.

Había que prepararlo todo; planificar la gira nacional, calcular los tiempos, apostar los tiradores; sin olvidar un buen chivo expiatorio, uno con mala puntería, que hiciera sospechar de la versión oficial tanto como de las marginales. Divide y reinarás, pensaron, y dispusieron cada detalle; la ambulancia que se llevaba al actor fingiendo epilepsia, el desvío y la disminución de velocidad frente al depósito de libros, el ralentamiento de los motorizados y la apertura de los guardaespaldas, las ventanas abiertas, la quita cristal de seguridad, el gabinete en gira europea y los teléfonos cortados durante horas.

Pero la verdad tiene el vicio de escurrirse y persistir. Nadie puede controlarlo todo ni existe tiempo para ocultar cada pista, de amarrar cada cabo. No se podía preveer a un Zapruder y su cinta 8 mm, o los testigos del humo y la escaramuza a la vera de la empalizada, o los 18 mártires del ferrocarril, el estacionamiento y el terraplén, ni siquiera a un topo traidor como Fletcher Prounty, apodado Mr. X casi 30 años más tarde por un aceptable cineasta.

Agarraron inexorablemente al cabeza de turco y lo interrogaron 36 horas seguidas para luego entregarlo al gordo en el pasillo de la comisaría, quien estrujó la 38 cavando su propia fosa en la cárcel, siglos después. Desesperado, el gordo confesó sin confesar, señalando elípticamente conspiraciones, secretos a gritos, pero nada de nombres ni responsables serios. Algo es algo, se consolaron los miles y millones del mundo al ver morir al gordo en su calvario de uno en 300 billones, verificando amargamente la forma en que el encubrimiento confirma la trama. Yo soy un cordero, dijo el chivo, “patsy” se autoproclamó, mientras lo arrastraban del atuendo hacia el patíbulo. Y había estado en Rusia, ido y vuelto con dólares de espía, y había completado entrenamientos que posiblemente le hacían responder como un autómata, a chasquidos y canciones, y hablaba varios idiomas mientras repartía propaganda comunista a pocas calles de las pulcras oficinas de los oscuros servicios en el sur racista. Pero no sabía tirar y sobraban testigos jurando que 3 tiros, desde tamaña altura a tal velocidad, eran una hazaña incluso para los mejores snipers, cuya excelencia tampoco permite hacer doblar a las balas, como según Warren sí dobló el tercer proyectil mágico, denunciado por Garrison en el juicio de la década. No sabía tirar y lo aseguraban compañeros suyos de las fuerzas, que se reían de solo pensar que el chivo pudiera tanto en solitario. 3 o más dijo Jim, por la cantidad de sicarios para bajar a Jack en su Lincoln ’61 con un árbol en el medio, y por eso le montaron un show con cámaras para dejarlo en ridículo y después censurarlo, nationwide. Y el chivo aseveró ser un “patsy” mientras el editor fotográfico de Life, o algún pinche tercerizado por los servicios, recortaba su cara y la pegaba sobre otra de un masculino, con un rifle en el patio de atrás de una casa blanca y negra, sin contar con que la sombra del mentón no coincidía, por esas cosas que tiene la verdad, de persistir en ser descubierta.

Mientras, el guardiacárcel Johnson se apuraba a jurar en el avión junto a ella todavía con el vestido rosa de sesos manchado, como una doble traición. A pesar del esfuerzo en dibujar cara de consternación, al guardiacárcel se le deshace la mueca, en un milímetro de distracción cuando el demócrata de atrás de la foto le guiña satisfecho su ojo malo.

3 balas, dos certeras y la primera de simple presagio. Una en la garganta para callarlo y otra en el hemisferio derecho, para lo mismo. Aun así los choferes se giraron para confirmar el éxito de la misión, prevenidos con pistola, siempre listos. Y lo lloraron la tríada de amantes principales, judías, negras y arias, actrices o hechiceras, y sus críos pequeños y ella, que escapó a gatas sobre la cajuela; y lo lloró todo su pueblo y el mundo, no por lo que era mas sí por lo que representaba; y lo lloraron sus hermanos, sobre todo el tan cercano Bobby, próximo en la lista. Y allí donde el tiroteo, encendió la élite una llama alumbrando otros símbolos de su magia sacrificial, velados para el iluso que solo cree en la pantalla de rayos letárgicos. También hay placas hoy, con frases de Jack y una bandera de la provincia del sur, la de la pena capital con sombreros de ala ancha, haciendo que toda parezca bastante humano.

El cerebro desaparecería junto con las toneladas de papel sobre el chivo, el gordo, la mafia, el monstruo de Jekyll, Tonkin, el malo y su entrada en el hotel, los dos negros muertos e innúmeras otras cosas que sucedieron antes y después de la oblación de aquel irlandés católico, hijo de la élite.

Civilizar

19 Nov

Hialoidea Shrödinger nos acerca un clásico de la Ciencia Ficción, “Civilizar”, cuento corto del año 1954…

portada de la novela “¿Who?”, obra maestra de Budrys del año 1958.

por Algis Budrys

Después de tantos años, de tantas generaciones, los terráqueos estaban volviendo al hogar, pacíficamente, sometiéndose a la orden de exilio. ¿Cuál era el significado de todo ello? ¿Por qué dejaban los terráqueos que les expulsaran? No había luna, no había estrellas; el cielo estaba sombrío. Las luces del espaciopuerto elevaban hacia el cielo un paraguas amarillo-blancuzco, atravesado por los plateados reflejos arrojados por la nave en el sitio de despegue. Los grandes montacargas situados en las compuertas de carga de la nave hacían crujir sus cables, con un ruido desproporcionado. Exceptuando el constante rumor de fondo del ruido provocado por el esfuerzo del metal, el campo estaba tranquilo.

¿Está realmente tan tranquilo?, pensó Deric. ¿Era el silencio que se esconde en la vanguardia de una tormenta, a punto de ser rasgado en jirones cuando el viento repentinamente comienza a aullar? ¿Es así como va a terminar? Deric descansó su peso contra el raíl de la plataforma de observación, su ágil cuerpo extendido como una tensa cinta. Veía brillar las luces del campo desde la pulida oscuridad de su escondite, destellando en los cortados y plateados folículos de su cresta. ¿Es ésta la forma de actuar de los terráqueos? Exceptuando los gráciles cuerpos de su propia gente, que operaban en los silenciosos transportadores de carga que fluían de la nave, no había vida en el campo. Ni siquiera detrás de las grandes puertas de carga había ningún signo de movimiento. Debajo de él, al nivel del suelo, los Galácticos esperaban en su gran habitación que terminara la operación de carga. Luego habría una procesión de figuras, cargadas con su equipaje personal, caminando a través del campo hacia la nave. Habría mujeres llevando o guiando a ¡os niños, y hombres caminando al lado de ellas.

En el comienzo, cuando la orden había sido publicada, Deric había pensado que habría problemas, los Galácticos no eran mansos. Cuando eran lo suficientemente independientes en sus asuntos cotidianos, y aunque ocasionalmente discutían entre ellos, los había visto en emergencias unirse en un hermético y compacto grupo que operaba con una elevada y tranquila eficiencia. Había todas las razones para esperar algún tipo de demostración por parte de ellos. Nada había sucedido. Los Galácticos habían vendido sus pertenencias al gobierno sin un murmullo, y dispusieron de sus otras pertenencias no esenciales rápida y silenciosamente. Sus hijos habían sido borrados de todas las clases o grupos especiales a los que estuvieran atendiendo; se habían efectuado las despedidas, y ahora, un escaso mes GST después de la publicación de la orden dada por el Voroseii, los Galácticos estaban abandonando Voroseith, para no volver nunca. ¿Nunca? Incluso ahora, a Deric le resultaba casi imposible creerlo. La orden era específica, e impuesta, pero él había visto otras leyes relajadas o evadidas con el paso del tiempo. O, por ese motivo, superadas.

¿Era ésta igual? Deric había oído muchas historias acerca de los GSN y sus grandes y verdes naves que derramaban el fuego de un sol desde sus innumerables armas. ¿Estaban los terráqueos abandonando Voroseith de tal forma que el planeta quedaría desprotegido frente a los bombardeos del espacio exterior? No, esa posibilidad había sido considerada antes, y rechazada. Verdaderamente, ningún planeta solo podía enfrentarse a la Federación. Ni siquiera un grupo de sistemas solares podía hacerlo. La lección de la Secesión Ardan aún estaba fresca, y era terrible. Pero la protección de Voroseith residía en el mismo hecho de que era un solo planeta, y relativamente sin importancia para la Federación como un todo. Comparado con la flota de la GSN, su propia flota era un insignificante grupo de naves. Pero, nave a nave, era igual de mortal, y el precio de la conquista sería alto; demasiado alto para la ganancia que se obtendría. No habría ninguna guerra.

Aun así, ¿por qué no había ninguna protesta? Los Galácticos tenían hogar y propiedades en Voroseith. Los nietos de los pioneros habían crecido en este mundo. Había centenares de amistades, relaciones de negocios, lazos de mucho tipo. Como un amante de un extraño arte de composición como era la ópera, Deric sentiría la pérdida de los nuevos libretos Berkeley, porque nadie podía trabajar tan bien con Marto Lihh. La Federación misma no había hecho más que enviar las naves de transporte. Toda referencia a la orden había sido repentina, casual, como una cosa que existe sin preguntas.

El no dejaría que los Galácticos partieran y lo dejaran sin una respuesta. Se bajó del raíl y se deslizó rápidamente por la rampa hacia la habitación en la que estaban los terráqueos.

Aquí también había silencio; incluso los niños estaban callados. Los Galácticos se sentaban en hileras de bancos, dándose la cara los unos a los otros a través de los angostos pasillos. No había conversación, pero grupos de amigos se habían sentado juntos y ocasionalmente había una sonrisa o un movimiento de cabeza a través del pasillo.

Cuando Deric entró, algunas cabezas se giraron en su dirección. En cada caso, hubo una sonrisa amistosa en cuanto fue reconocido; algunas personas se separaron del grupo al que pertenecían y vinieron hacia él.

—¡Deric! —Era Morris, uno de los hombres que había trabajado con él en el museo. El Galáctico se dirigió hacia él rápidamente, y posó su mano detrás de la cabeza de Deric con un firme y amistoso golpecillo de bienvenida. Deric chocó gentilmente su mano derecha con la del terrícola.

—Pensé que bajarías —dijo Morris. Su cara estaba pesarosa ante el pensamiento de la partida. Ahora que estaba aquí, entre ellos, Deric sintió la extrañeza de la situación con más fuerza que antes. Nunca antes había visto un grupo de Galácticos sin ver su propia gente entre ellos. Parecía extraño darse cuenta de repente que ésta era la selección de Galácticos de Voroseith, que la mayor parte de esta frente se conocía menos entre sí que lo que conocían a los individuos Voroseii, entre los cuales habían trabajado y vivido; pero, de todas formas, ahora eran un grupo homogéneo y segregado por el mero hecho de que todos ellos eran Galácticos.

Era posible considerar el problema entero como una especie de rompecabezas intelectual, para ser evaluado a la luz de los factores económicos que habían hecho necesaria la orden. Pero Morris era su amigo y su compañero de trabajo, por lo tanto la situación se convertía en la de perder un buen amigo, no volver a ver a su familia, y aprender a recordar que el Día 184, GST, no era ya el cumpleaños de Susan Morris.

—Quería verte —dijo Deric—. No estoy seguro de que debería estar aquí, pero… —Se detuvo, vacilante—. Bueno…

Morris sonrió.

—Gracias, Deric. Los otros Galácticos que habían venido intercambiaron saludos con él. Cada uno de ellos, como Morris, reflejaban una pena tan grande como la de Deric. Vio a Berkeley, sentado solo al final de un banco; sus ojos estaban sombríos. ¿Cómo se siente él?, se preguntó Deric. Se volvió hacia Morris.

—Yo…, si es posible, ¿podría hablar con él? Sabes cuánto admiro su trabajo.

—Eso es fácil —dijo Morris—. Ven.

Deric siguió a su amigo a través del suelo de la sala de espera. Mientras pasaba entre los demás Galácticos que estaban sentados, pudo ver las mismas huellas de tristeza en sus ojos, tristeza, pero no protesta, no rebelión. Berkeley miró hacia arriba cuando oyó las palabras de Morris.

—¿Deric Liss?

—Volvió los ojos hacia Deric—. Por supuesto. —Se acercó y tocó el cuello de Deric cálidamente—. He leído su Historia cultural. Uno de los textos más valiosos que nunca he visto.

—Gracias —dijo Deric, brillándole los ojos. Completamente turbado, sintió que su cuerpo temblaba torpemente—. Siempre he admirado su trabajo —dijo impulsivamente, consciente del convencionalismo de la situación. Habiendo contestado al cumplido de Berkeley de la forma que lo había hecho, sonaba como un intercambio de ellos más que el sincero aprecio que quería demostrar. Pero Berkeley sonrió, sus ojos arrugándose en las esquinas.

—Nunca tendré un compositor como Marto Lihh para trabajar —dijo.

Un rastro de su anterior expresión melancólica regresó a su rostro. Deric no pudo seguir ocultando su turbación durante más tiempo. Miró a Morris y Berkeley.

—No puedo entender esto —dijo, su voz llena de desconcierto—. ¿Por qué se van? O si deben marcharse, ¿por qué no…? Dejó que la frase muriera. Uno no puede preguntarle a un hombre por qué no está resentido por la injusticia que uno ha cometido con él.

—¿Por qué no hacemos una demostración de nuestra famosa agresividad terrestre?— preguntó Berkeley, sonriendo.

—Sí. —Completamente desconcertado, añadió—: Y usted…, un hombre que está dejando todo lo que ama y por lo que trabaja… ¿No está usted, por lo menos, resentido por lo que nosotros hemos hecho? Berkeley movió la cabeza.

—¿Resentido? Su planeta está superpoblado. No hay otros planetas habitables en este sistema, y nosotros estamos compitiendo con ustedes por el poco lugar que hay. Es lo más natural que su gobierno tenga que considerar el bienestar de ustedes. Después de todo, somos una raza extranjera; éste es su planeta, para hacer con él lo que deseen. Considero que la orden ha sido una medida muy sabia, desde el punto de vista de su gente. Estoy seguro que el resto de nosotros piensa de la misma forma. Morris asintió.

—Pero la Federación…

—La Federación es exactamente eso…, no es un imperio. Ustedes tienen los privilegios de sus miembros… y los derechos, también —puntualizó Berkeley. Si él personalmente sentía una pérdida personal, la mantuvo dentro de sí.

—Aún sigo sin comprender. Cuando el grupo Ardan se separó, el resto de la Federación se negó a admitirlo —dijo Deric.

El rostro de Berkeley se nubló.

—La Secesión Ardan era una insurrección armada, nacida de la ambición frustrada y de un deseo de poder. Fue motivada únicamente por el deseo de los árdanos de volver a tener el control de la Federación.

—Pero ellos estaban tan justificados ante sus ojos como nosotros ante los nuestros — protestó Deric.

Berkeley irguió su cabeza. —Quizá, pero ¿y los disolucionistas de Ardan? ¿Era ése un signo de que todos los árdanos estaban de acuerdo con la política de su gobierno?

—Yo tampoco apruebo nuestra acción —replicó Deric.

Berkeley sonrió.

—Usted quiere decir que le duele porque es de alguna manera perentoria; y este sentimiento se ve aumentado por el hecho de que nosotros nos estamos sometiendo a ella sin acciones que la hagan parecer emocionalmente justificada. Si hubiésemos luchado, ustedes al menos podían haber sentido que quizá el hecho de quitar de en medio a los pendencieros terrícolas era algo necesario.

Algis Budrys, autor de Ciencia Ficción de origen lituano (1931-2008)

—Sí —admitió Deric, lentamente, abatido. Nunca había llevado su pensamiento tan lejos. —Pero ustedes no están activamente enojados ante la orden —continuó Berkeley—. Simpatizan con nosotros, pero no piensan que sea una situación ultrajante. El Galáctico tenía razón. Deric podía sentir moviéndose con embarazo otra vez.

—No sé qué decir —musitó. El libretista sonrió otra vez.

—No hace falta que diga nada —dijo cálidamente—. Nosotros hemos sabido desde el principio que esto ocurriría algún día. Lo habíamos aceptado, por lo que no nos ha venido como un choque demasiado fuerte. Deric sintió que otra vez sentía su desconcierto como una cosa viviente.

—Pero si lo sabían, ¿por qué vinieron? Recuerden la historia de las tres últimas generaciones. Después que fuimos contactados por la nave de exploración, su gente vino, se instaló en nuestra cultura, y comenzaron a vivir a nuestro lado. Más que a nuestro lado. Ustedes trabajaron para el mismo fin que nosotros: el progreso de la cultura y la civilización en Voroseith. Hablan nuestro idioma. Nunca han hecho nada para el beneficio de la Federación o de la misma Tierra. Era como si… como si fueran voroseiis, no extranjeros. Fue difícil de creer. Esperamos impuestos de algún tipo. Esperamos que trajeran sus artes y su ciencia, que mezclaran su cultura con la nuestra. Pero nada de eso ha sucedido. Y ahora, aunque sean Galácticos, no obstante son voroseiis. Si sabían que algún día tendrían que marcharse, ¿por qué han hecho de Voroseith un hogar más verdadero que el que cualquier planeta puede serlo? Berkeley, que había escrito poesía como un voroseii lo hubiera hecho, pensando en términos de una escala de seis tonos, dejó que una sombra de pesar cruzara por su rostro.

—Sí, imaginé que eso sería lo que ustedes esperarían. Fue lo que los árdanos hicieron, cuando dirigían la Federación. Está en lo cierto, y también está equivocado. Sonrió, casi pensativamente.

—Sí, Voroseith es un hogar para nosotros, y lo echaremos de menos. Pero de todas formas, estábamos trabajando para el beneficio de la Federación. Hemos tenido que actuar como si siempre hubiésemos vivido aquí… más que actuar teníamos que creer que siempre hubiésemos vivido aquí. Teníamos que dedicar todas nuestras sinceras energías a trabajar para Voroseith. Fue… —Dudó, y por un momento hubo una mirada perdida en su rostro—. Cuando nos dimos cuenta de que nuestro trabajo estaba hecho sentimos una conmoción. Voroseith está listo para el viaje interestelar.

—¿Espacio interestelar? —Deric sintió que su espalda se arqueaba desconcertada. Morris asintió.

—Está a punto. Ese es el motivo por el que ahora tienen su armada. Han estado trabajando en las técnicas necesarias.

—Pero la Federación gobierna la galaxia. ¿Por qué nos van a permitir que nos metamos en su territorio? Berkeley volvió a hablar.

—La Federación no gobierna nada; no se puede imponer la civilización por la fuerza. Es vuestro turno, como miembros de un movimiento civilizado, de salir y transmitirle lo que poseéis a otras gentes. El espacio está lleno de mundos, y de gente. La Tierra guía la Federación, es cierto, pero no la dirige; nadie lo hace. Trabajamos con el común denominador de la civilización entre nosotros; pero es «civilización» como un concepto abstracto, no como un rígido patrón universal de algún tipo, dentro del cual cada cultura debe ser encajada y forzada, apretada dentro de un molde para el que nunca ha estado preparada.

—¿Hemos intentado alguna vez que hicierais las cosas a nuestra manera? —preguntó Morris.

Deric movió su mano en señal de negación.

—No, no lo habéis hecho. Habéis aprendido de nosotros, y luego os habéis convertido en la mayor parte en individuos que trabajaban para elevar nuestra cultura. Habéis traído un enfoque nuevo a muchos problemas; pero era un acercamiento basado en las raíces de nuestra cultura, no de la vuestra.

Se detuvo. El anunciador crujió.

—Toda la carga está ya a bordo. Los pasajeros pueden embarcar. —La voz del anunciador perdió su impersonalidad. Otro voroseii estaba despidiendo a sus amigos—. Buena suerte, terrícolas. Las filas de sentados Galácticos se levantaron, aún silenciosos, a pesar de la confusión de pies, del ruido de los equipajes cuando eran levantados. —O sea, que ahora estaremos en el espacio a vuestro lado —afirmó Deric a Berkeley. El Galáctico asintió.

—Cuando grupos como el nuestro dejan un mundo, es la señal histórica de que otra raza está yendo hacia las estrellas, civilizada, para civilizar. Deric sintió que una oleada de orgullo le atravesaba.

—Entonces, esto era un estadio, como el tiempo de la nave exploradora durante el cual hemos sido entrenados.

Morris movió la cabeza.

—No entrenados. La nave exploradora era una prueba, de verdad, pero una prueba diseñada para medir nada más que vuestra habilidad para concebir otras razas por debajo de la vuestra, y vuestra presteza para aceptar el hecho de que el viaje interestelar era una realidad. ¿Por qué debíamos entrenaros? Nuestra cultura no es superior a la vuestra en ningún aspecto, y hay demasiada diversidad de razas en el espacio, y demasiados pocos terrícolas como para justificar, aun remotamente, cualquier intento de obligaros a hacer las cosas como se hacen en la Tierra. No, hemos sido enviados para el único motivo de acostumbraros a trabajar al lado de otras razas. No éramos instructores sino compañeros de trabajo. La mayor parte de los Galácticos estaban ya atravesando la puerta que les llevaría hacia el campo. Morris y Berkeley tocaron el cuello de Deric otra vez.

—Adiós, Deric —dijo Morris. Deric miró al comienzo de la hoja. —Pero… ¡es el manuscrito original de la Epopeya de Llersthein! Berkeley asintió.

—Cójalo. Lo recordaré, y además nadie podrá entenderlo realmente donde voy. Deric miró al Galáctico. Sus ojos volvían a estar sombríos, y aunque no era realmente uno de los suyos —teóricamente, las expresiones faciales de una raza eran incomprensibles para la otra—, Deric pudo leer lo que yacía en la mente, detrás de los ojos, y no se le ocurrió que había algo importante debajo del hecho de que pudiera interpretar su expresión.

—Gracias —dijo, y dejó que la posición de sus manos y el movimiento de su cuerpo le indicara a Berkeley cuáles eran sus sentimientos. Los dos Galácticos cogieron su equipaje y lo equilibraron sobre sus hombros, y se unieron a los grupos de sus respectivas familias, que les estaban esperando. Deric se quedó donde estaba, observándolos marchar, aun intentando aferrar lo que había vislumbrado, semicomprendido. También era importante, lo sabía. Explicaba, más que la tristeza, el silencio que se había cernido sobre la sala de espera, el extraño sentimiento por el que los Galácticos se habían unido en numerosos grupos pequeños, cada uno de ellos volviéndose hacia su familia y hacia sus amigos más inmediatos. Como si estuvieran en peligro…

¡Miedo! ¡Estaban asustados! Morris, Berkeley…, todos ellos. Los vio llegar a la puerta y esperar a sus familias, que les precedieron. Enroscó sus músculos y se deslizó hacia adelante con un rápido movimiento.

—¡Esperad! Berkeley y Morris se giraron hacia él, interrogándole con la mirada.

—¿Adonde vais? —preguntó Deric—. ¿Qué vais a hacer?

—No lo sé —dijo Berkeley—. No lo sé —repitió lentamente—. Nos llevan a la Tierra.

Y ahora pudo ver Deric plenamente la desnuda incertidumbre en sus ojos, la ansiedad, el viscoso matiz del miedo.

—Tenemos que seguir yendo de un sitio a otro —dijo Morris, con una repentina brusquedad, la brusquedad de los nervios tirantes hasta el punto en que cantaban y vibraban, esperando un peso nuevo para estallar y azotar con efectos mortales. Berkeley sonrió a Deric: pero había blancas manchas a lo largo de su mandíbula. Dejó caer una mano amistosa en el cuello de Deric.

—Me gustaba esto —dijo pensativamente—. Nací aquí, al igual que mi padre. Miró hacia arriba, a través de los cristales de la puerta de salida, y en ese momento, el cielo sombrío finalmente se abrió, y la luz de las estrellas brilló a través de las nubes. Berkeley retrocedió como si algo le hubiese golpeado. Entonces se sacudió y sonrió ampliamente, con la amplia sonrisa de pelea que es la marca de fábrica de los terrícolas. Aun así, había algo escondido en su voz cuando dijo: —Me pregunto cómo será la Tierra.

—¡Ven! —dijo Morris, y casi empujó a Berkeley a través de la puerta. Levantó su mano en una última despedida a Deric, y Berkeley, con la mano de Morris en su hombro, sernigirado, movió su mano disculpando el nerviosismo de su amigo.

Deric continuó mirándoles, sintiendo los primeros comienzos de un hilillo de conocimiento en su conciencia, sabiendo que el hilillo se convertiría en un vivo y saltarín torrente. Cuando viniera sería mejor que él estuviera muy, muy ocupado, en algún trabajo lo suficientemente sin importancia como para que no se malograra con las manos temblorosas, o con una visión nublada. ¿Qué era lo que había dicho el anunciador? ¿Adiós, terrícolas? Movió la cabeza en la clásica forma terrestre, se giró, se deslizó subiendo por la rampa que iba a la plataforma de observación, vio a los últimos Galácticos entrar en la nave que estaba esperando.

—Buena suerte, Voroseii —dijo suavemente, cuando sus hermanos se iban, sin protestar, al exilio.

Mi filosofía del Alfa al Omega

10 Nov

por Franco Vico

Ciudad estado del futuro nombrada por mi como Newtopia, en honor al país conceptual del mismo nombre inventado por John Lennon y Yoko Ono (1)

Estábamos con Alfa en un restaurant griego. ¿Qué mejor lugar para ubicar la siguiente historia que un sitio donde sirven comidas del país que, dicen, empezó la civilización? Yo, por Gilgamesh y Nippur de Lagash, prefiero pensar que la Civilización comenzó en la Mesopotamia, o que cada civilización es el comienzo de la Civilización. Pero a los fines anecdóticos del presente escrito, el de la cantina griega es un dato adecuado.

Yo pedí una mousaká, Alfa keftedes y suvlakias.

Omega soy yo. Alfa es cualquiera que me ayude a maravillarme sobre como funciona todo. (2)

Alfa: –El otro día estaba viendo el catálogo de tu muestra (Predicciones 2006) ¿que es eso del 2012?

Le hice a Alfa una escueta síntesis sobre las profecías mayas, sobre el incremento de la frecuencia vibratoria del planeta, sobre la evolución de la consciencia a escala global y universal, etc.

Omega: –¿Sabias algo al respecto?

A: –La verdad que no, no conocía la información pero lo que me contás coincide muy bien con algunas experiencias que tuve…¿Conoces el Santo Daime? (3)

O: –¿Cómo?, no, ¿qué es eso?

A: Santo Daime. Es una práctica espiritual y una filosofía de vida, una serie de ceremonias en las que se canta, se baila, se toma ayahuasca.

O: –Ah, mirá vos, ¿y tomaste?

A: –Si.

O: –¿Y que te pasó? ¿Vomitaste?

A: –No, no todo el mundo vomita. La gente que vomita es para purificarse. Hay gente a la que no le sucede nada, sólo están atentos, muy concentrados en el ahora. Hay otros que viajan al pasado o tienen visiones de animales o lugares extraños. Y algunos, muy pocos, muy raras veces viajan al futuro. Yo, viajé al futuro.

O: –¡Wow!

En este punto de la conversación mi comida ya se enfriaba, mientras Alfa seguía hablando, a veces con la boca llena y otras mientras untaba las brochetas.

O: –¿Y que viste?

A: –Se va a inundar todo. Van a quedar solamente secos los lugares altos de montañas. Los gobiernos y corporaciones ya están haciendo refugios en los lugares más altos. Ví que mucha gente se va a salvar. Y que muchos no.

A estas alturas yo ni siquiera hablaba, sólo escuchaba boquiabierto el vaticinio de Alfa, que seguía sirviendo vino y untando brochetas:- La mayoría de los que se salven será por voluntad de los gobiernos. Pero algunos se van a salvar por elección divina, digamos. Por tener algo que aprender o misiones que cumplir…

Yo difícilmente podía articular palabra ante tamaña revelación. Pero Alfa continuó:- …existe tecnología humana que no conocemos, que no está divulgada y ni siquiera nos imaginamos. En un momento ví cómo cortaban como con un laser o algo así, la cima de una montaña, para construir una ciudad arriba…- luego de esto soltó una breve carcajada al ver mi cara.

La calidad y la cantidad de la información me superaron totalmente. La acrópolis futurista, el éxodo a las montañas, la tecnología sci-fi, todo esto parecía salido de una épica de motos de agua, mutantes y visitantes de otros mundos con las que tanto me fascino. Aun así, me resultaba completamente verosímil y probable. No podía para de alzar las cejas. Nada más alargué a Alfa la copa y me sirvió vino.

A: -Dale, comé, después te cuento más…-

Noviembre de 2009

1 Declaration of Independence of Newtopia, fragmento del Documental The U.S. vs. John Lennon; 2006, Dir.: David Leaf, John Scheinfeld.

2 Warhol, Andy; Mi Filosofía de la A a la B y de la B a la A. Barcelona, Fabula Tusquets Ed., 2002, Pág.13: “Me despierto y llamo a B. B es cualquiera que me ayude a matar el tiempo. B es cualquiera y yo no soy nadie. B y yo.”

3 Santo Daime, Wikipedia.com

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